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Miércoles 11 Abril de 18 a 21 horas.

“Animales Salvajes” de José Pedro Godoy

Se inaugura en “LA FRESH GALLERY” - C/Conde de Aranda 5, Madrid - Tel: 91 431 5151.

Miércoles 11 de abril de 2018

Dulce y feroz

La irrupción del adjetivo camp en el ámbito del debate intelectual –gracias al famoso ensayo de Susan Sontag- iluminó aquello que antes había permanecido en la oscuridad, en la zona clandestina donde la sexualidad disidente se resguardaba de la policía social. Lo camp era hasta ese momento el espíritu que surgía a contrapelo del gusto oficial y los patrones de comportamiento convenidos como apropiados por una comunidad. Es más, la manera en que es definido en inglés alude constantemente a la transgresión de ciertos límites convencionales no escritos. Un diccionario explica el significado de camp en los siguientes términos, todos ellos negativos, por cierto: es lo exagerado, lo afeminado, lo artificioso, afectado y absurdamente inapropiado que funde elementos de la alta cultura y del pop.


El sentido de lo camp trasciende, sin embargo, los diques de una definición exacta, porque tiene los atributos de lo líquido, que bajo ciertas condiciones puede ser gaseoso y en otras, sólido. Lo camp puede ser parte de una cultura subterránea, pero busca inspiración en la más masiva de las expresiones: las drag queens de los boliches gay han imitado durante más de un siglo ya, a las celebridades femeninas del cine y la música popular, desde Pola Negri a Lady Gaga. Las coreografías de voguing dance, con movimientos que exageraban el modelaje de modas para el consumo burgués, surgieron en los guetos de los barrios bajos de Nueva York, para luego ser devueltas a la escena masiva a través del sistema de industrialización del under creado por Madonna. El camp funde los géneros en el más amplio sentido de la expresión: Es Manuel Puig transformando en literatura su imaginario de celebridades de películas y fotonovelas y Pedro Almodóvar rodando un clásico del cine como si fuera un bolero de diva abandonada. El camp es un lenguaje cuyo dominio se alcanza en el disfrute, sobrepasando cualquier explicación teórica; está más allá de lo puramente racional, se mueve por asociación libre, por complicidad y mezcla distintos tipos de expresiones pop en un collage cuyo resultado es algo nuevo. En ese cuadrante se mueve la obra de José Pedro Godoy, cercano en referentes al uruguayo Martín Sastre -un pop mestizo de consumo desde el tercer mundo- pero que a diferencia del creador de Sor Kitty, explora la sexualidad de manera frontal.

 

Imagen foto_00000003En Animales salvajes, José Pedro Godoy pone en escena un imaginario popular cultivado con esmero, tributario de telenovelas y series, alimentado con la estética del softporn y el porno gay. La exhibición es la de un artista que vio al mismo tiempo las pinturas de El Bosco y las fotografías de LaChapelle; con una educación sentimental fundada en el melodrama; el ojo de un creador que traza paisajes que evocan algunas de las carátulas diseñadas por Peter Saville -para Pulp, Roxy Music y Suede- y la paleta de colores que se mece entre el neón y la noche americana. En sus pinturas hay opuestos entre lo vivo y lo muerto; lo plácido y lo iracundo; entre el detalle y el conjunto y lo frío frente a lo cálido. Una espléndida puesta en escena de un imaginario construido como un collage de pop. Una obra elaborada en un lenguaje propio, construida con un alfabeto plebeyo y adaptada a una técnica clásica. Un universo rendido a la exaltación de los sentidos, al erotismo como la persistente pulsión de la naturaleza como testigo de las pasiones humanas. Un paisaje de ensueño deliciosamente artificioso, ferozmente absurdo, dulcemente camp.

© Óscar Contardo

 

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