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Breve introducción crítica sobre Rebeca Matte

Jueves 28 de mayo de 2020

En Imagen foto_00000013el marco de la conmemoración de la muerte de la escultora chilena Rebecca Matte, realizado en mayo del 2019 en el Museo Stibbert de Florencia, queremos compartir un trabajo realizado por el italiano, historiador del arte, Luca Minella, quien para entonces realizaba una pasantía tutelada por la Directora de la Galería de Arte Moderno del Palacio Pitti, Simonella Condemi. Simonella, junto a Isabel Cruz, ambas destacadas investigadoras de la obra y vida de Rebecca Matte, fueron parte de la conmemoración que significó la restauración de su obra "Une Vie" (Museo Stibbert de Florencia) y un conversatorio sobre su extenso trabajo.


El texto titulado "Breve Introducción Crítica Sobre Rebeca Matte" es un valioso aporte del investigador Luca Minella al conocimiento de esta gran artista y escultura del mármol y el bronce en formato monumental.


 

Luca Minella
Breve introducción crítica sobre Rebeca Matte
En el pasaje artístico del decadentismo europeo tenemos la oportunidad de redescubrir la obra escultórica de una gran artista cosmopolita, animada por un espíritu visionario formidable: la escultora chilena Rebeca Matte.


Imagen foto_00000011Este nombre probablemente parecerá poco conocido para la mayor parte del público porque rara vez se menciona o recuerda cuando se habla de la historia del arte de finales del siglo XIX. Sin embargo, Matte es un ejemplo excepcional de ese grupo de artistas del continente americano que viajaron a Europa para completar su formación técnica y teórica y que luego permanecieron aquí, haciendo florecer de la mejor manera posible su genio artístico para expresar lo que fue el último diálogo entre clasicismo y modernidad.


Rebeca Matte florece precisamente en el clima del decadentismo europeo, absorbiendo y reelaborando la lección de los grandes maestros contemporáneos de la escultura como Monteverde, Klinger y Rodin, pero también observando la revolución de la pintura simbolista y las filosofías estéticas de fin de siglo de las cuales fue una escrupulosa estudiosa. Artista de alto perfil cultural, con un carácter extraordinariamente perceptivo, acogió en su bagaje cultural los modelos artísticos y estéticos más válidos de su tiempo, con los cuales pudo cotejarse en las capitales artísticas como París, Berlín, Florencia y que terminaron forjando su profundo temperamento visionario.


Nos encontramos de frente a un artista que experimentó esa fascinante metamorfosis de la escultura, desde la madurez de la elegancia formal del clasicismo romántico tardío hasta las innovaciones estilísticas y comunicativas del simbolismo. Este viaje comenzó con el primer aprendizaje importante realizado en Roma, bajo la guía de Giulio Monteverde, de quien aprendió los cánones fundamentales de la escultura clásica, unidos con esa marcada capacidad dinámica de composición teatral que la acompañará durante toda su vida y que encontramos en sus dos obras maestras, de tipo monumental, La Guerra (1913) y Los Héroes de la Concepción (1917). Además, en Italia dialogará plenamente con las soluciones estilísticas que otros tres grandes escultores contemporáneos a ella, como Canonica, Trentacoste y Bistolfi, estaban aportando a la escena nacional.


Imagen foto_00000012Imagen foto_00000006Viaja a Europa, se traslada a Berlín, pero su estadía en París resulta decisiva: el encuentro con la cultura artística francesa, el descubrimiento del Art Nouveau evidenciado en la serie de jarras de bronce La Tierra, El Vino, El Agua (1896), y en el magnífico El Eco (1900), finalmente la densa influencia de Rodin y su revolucionario estilo antiacadémico que le mostrará a Matte un tipo diferente de modelado originado desde el punto de vista de la impresión que reemplaza al de la descripción. Es una lección que la artista llevará con ella a lo largo de los años y que podemos observar en varios bronces como Crudo Inverno (1912) y Edades de la Vida (1923-1926).


El trabajo de Rebeca Matte irradia una gran sugestión visionaria, directa y empática, dentro de la cual los misterios, interrogantes y enigmas (que acompañan la vida de la humanidad) se manifiestan delante de nuestros ojos en la personificación de figuras que derivan de una dimensión arquetípica, revestidas con una gran elegancia formal, a veces absortas en un tono onírico pero siempre meditativo. A veces emerge una solemnidad contrastante como en Ulysse y Calipso (1915), para luego pasar a la manifestación de canosas figuras saturninas como Meditación (1899) y Un Vencido (1912). Todo esto parece conciliarse en la última obra maestra con un tono sutilmente elegíaco, Icaro y Dedalo (1922) que entrega a la posteridad el testimonio de una indispensable exponente del simbolismo internacional en la cultura artística entre los siglos XIX y XX.


¿Qué le gustaría destacar sobre el trabajo y la técnica de Rebeca Matte al público chileno?

Señalaría las siguientes obras: El Vino (1896), Eco (1900), Desesperanza (1908), Crudo Invierno (1912), La Guerra (1913), Ulises y Calipso (1915), Los Ciegos (1916), Icaro y Dédalo (1922).

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