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Un dibujante de personajes en búsqueda de la chilenidad

Retrospectiva del cineasta Joaquín Eyzaguirre en Costa Rica. 

07 de Junio de 2021

Desde el próximo lunes 26 de abril y hasta el 4 de mayo estarán disponibles de forma gratuita tres películas del destacado cineasta chileno Joaquin Eyzaguirre (Santiago, 1950) en la plataforma audiovisual de la Sala Garbo en Costa Rica. Se trata de sus trabajos “Tres noches de un sabado”  (2002)  “Casa de remolienda” (2007)  y “El inquisidor” (2010) 

A propósito de esta importante muestra de su trabajo organizada por DIRAC y la Embajada de Chile en el país centroamericano, conversamos con él sobre el contexto histórico y social de creación de sus películas, las fuentes de inspiración narrativa y visual que utiliza, así como otros espacios audiovisuales en que ha trabajado desde los años ochenta con bastante éxito como la televisión y la publicidad.

Joaquín, tu cine se caracteriza por una construcción de personajes que reflejan un mundo popular ya casi en el olvido en el Chile contemporáneo. Se trata de una forma de ser chileno que va desapareciendo.

¿Cómo logras construir esos personajes?

Hago clases para dirección de actores con la nueva generación de audiovisualistas y cineastas. Creo tener un manejo de dirección de actores y me gusta el tema de construir el personaje con ellos. Hay un una forma de encauzar la actuación y lo principal, según mi opinión, es hacer un buen casting. 

¿Cómo fue tu formación el mundo audiovisual?

En vez de hacer cinco años en la Escuela de Comunicación, estudié solo los tres últimos porque se cerró la escuela. Antes había estudiado arquitectura, pero me echaron en 1973. Como estaba casado y tenía dos hijas, necesitaba trabajar en lo que  fuera. Un día me encontré en la calle con un médico que me conocía y me ofrece  trabajo como dibujante científico para realizar gráficos, animales y todo eso que  hacen los científicos. Estaba en eso cuando un día llega una circular que las personas que eramos empleados en la (Universidad) Católica como yo en esos momentos podíamos tomar cursos.  Fue entonces que empecé a asistir a la Escuela de Artes de la Comunicación donde me titulé el año 1980. 

Después de salir de la Universidad trabajé un tiempo en televisión y de ahí me pasé a la publicidad, donde empecé el año 1986 hasta finales de los 90, cuando lo dejé temporalmente para dirigir una serie de ficción  “Brigada Escorpión” que tuvo repercusión tanto en Chile como en el extranjero. 

¿Cuáles fueron tu primeros pasos en el cine?

Varios documentales, entre ellos “Dolores” (1984) que indaga en las experiencias de unas trabajadoras de casa particular de origen mapuche en Temuco que paradojalmente sobrevivían como sirvientas en la tierra que perteneció a sus ancestros.  La película fue galardonada en el Cinema Du Reel, lo que me permitió viajar a Italia para estudiar cine con Michelangelo Antonioni. En esos años también grabo con el ICTUS mi primera ficción “Hecho pendiente”. En ese tiempo era muy poco lo que se podia hacer en cine.  Imagínate que durante esa década no se habían hecho más de 20 largometrajes de ficcion entre obras en cine y video. Luego de ahí otro hito importante fue trabajar en la franja del NO (1988) con el video donde se reunen todos los artistas a cantar “Vamos a decir que No”. 

¿Cómo ves hoy en dia a tu generación en el contexto del cine chileno?

Pertenezco a una generación de cineastas que están en un segundo plano del cine actaul. Sin muchos reconocimientos a su obra. Eso pasa porque al chileno le gusta mucho el nuevismo, confunden lo nuevo con la calidad, creen que lo nuevo es lo moderno, más que nuevo le gustan las cosas recientes.  A partir de los 90 se empezó a dar bastante ayuda al cine nacional. Aparecio el Fondart,  CNTV, aparecieron varios fondos que antes no existian y el cine se disparó y empezo a producirse el doble, el triple que las dos décadas anteriores. El cine empezó a renacer y salir mucha gente nueva. 

Y en ese sentido ¿qué rescatas del oficio?

Para mi una película es un viaje, un viaje en que uno va con toda su tripulacion (el director de foto, el vestuarista,  sonidista) a una aventura y en el caso de mi cine dejo un amplio espacio al azar y la mirada conjunta de mi tripulación, donde un rol central lo ocupan los personajes. Me  gusta la construcción de ese cuerpo que empieza a vibrar con la luz del cine. Tengo mucha fe en la luz, en la fotografia, los vestuarios y la puesta en escena. Antes de rodar miro muchas pinturas. 

Algunas de tus ficciones se inspiran en clásicos de la dramaturgia nacional, ¿a qué se debe este interés?

Lo propuse hace tiempo a la Comisión Bicentenario: realizar tres obras de teatro para llevarlas al cine.  “Tres noches de un sábado” del colectivo ICTUS la vi bastantes veces cuando joven. “La Remolienda” de Alejandro Sieveking solo una vez y hacía muchos años. Quise hacer una cosa mas realista con ellas, no tan costumbrista, pero manteniendo la esencia, espíritu  y esa sonoridad del habla chileno. “Tres noches de un sábado”  tuvo su estreno mundial en el Festival de Montreal. Es una comedia muy hilarante, divertida y en ese sentido rompe con la temática oscura por la dictadura, durante la cual, y algo déspues, fuimos muy influenciados  por el horror que nos toco vivir. 

¿Por qué crees que se daba esa forma de hacer cine en tu generación?

Teníamos muy acerca lo que fue la dictadura y eso por mucho tiempo nos dejó con una sensación de  pausa y pérdidas que el cine lo supo reflejar en ese momento. 

¿Y esa trilogía con que dramaturgia se cerraba? 

La tercera obra era “La viuda Aplabaza” de Germán Luco, que hasta ahora no ha visto la luz.  Las dos primeras tuvieron un reconocimiento en festivales donde conquistaron la miradas de cineastas del nivel de Costa Gavras y Carlos Saura en la edicion 2002 del Festival Internacional de Viña del Mar.  

¿Qué referentes visuales  utilizaste para “El inquisidor”? 

Recuerdo que vi muchas pintura del Siglo de Oro Español. Junto a Hugo Tripodi, el director de arte le dimos esas atmosferas a las puestas en escenas. Me meto harto en las pruebas de vestuario,  todo el mundo de la estética con la direccion de arte en los vestuarios y objetos  que le dan la forma y color a la pelicula.  No me meto para incomodar para  molestar, son espacios que vibro y esa vibracion luego aparece en la imagen que es la suma del trabajo de todos los técnicos y artistas.

¿Qué sensaciones te provoca esta muestra en Costa Rica?

Me genera mucha emoción. Una emocion por los que estan haciendo ustedes ahora con una retrospectiva de mi trabajo, especialmente con mis últimas tres películas. Uno agradece mucho estos gestos de promover el cine de forma amable.

¿Tienes en mente filmar otra película a corto plazo? 

No, en estos momentos estoy dedicado hacer clases y no tengo ningun otro proyecto de largometraje. Me gustaría eso si poder hacer en algún momento “La viuda de Apablaza” para cerrar esta trilogia dedicada a nuestra dramaturgia nacional que empezo el 2002 con “Tres noches de un sabado”.