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Palazzo Medici Riccardi

Francisco Smythe y Florencia

Florencia del 5 al 29 de marzo de 2018 / Curadores Antonio Arévalo y Paulina Humeres.

Martes 23 de enero de 2018

Francisco Smythe (1952-1998), vivió los cambios culturales de los intensos y breves años de la Unidad Popular, durante los cuales, al compromiso político y ético, se añadió la apertura hacia nuevas fronteras plásticas- como el informalismo español - que marcaron su actividad artística. También vivió los primeros cinco años de la dictadura en Chile, donde fue uno  de los padres del arte conceptual, que más adelante en los años ’80 sedenominaría “Escena de avanzada”.


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Llegó a Florencia en enero de 1979, con una beca de estudios otorgada por  gobierno italiano para estudiar en la Facultad de Letras y Filosofía del Instituto de Historia del Arte y Arquitectura de la Universidad de Florencia, observó el nacimiento de la Transvanguardia y un país en donde prevalían claramente la alegría y los colores.
 
Artistas como Francisco se encontraron a trabajar en Florencia, en esta ciudad emblemática, agregando aspectos significativos a la experimentación visual de esa época.


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Estamos de frente a una actitud artística descentrada, literalmente excéntrica, fruto de individualidades autónomas, que en el lapso de treinta años, habían tenido que enfrentar un huracán de eventos extremos y opuestos,  entre los cuales se buscaba, con una gran dificultad, de restablecer un equilibrio.
 
Y si la historia, la vitalidad cultural, la identidad artística, se fundan en la capacidad de organizar la memoria, Smythe sin lugar a dudas lo ha logrado. Existe un hilo conductor que esta relacionado con una energía, una pulsión cómplice y protagonista a la manera de esos momentos de encuentro, de aquel extraño y fascinante esquema.
 
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Imagen foto_00000010Un camino siempre pintado, donde impera el juego luminoso, el ritmo y la vibración de las formas: en las flores y en los paisajes, en los personajes imposibles creados y diseñados y que solamente la poesía puede concebir, porque la poesía es verbo que se quiere convertir en carne.
 
Bellísima su incursión en las montañas: aquí hace explotar los colores y es única la espontaneidad con la que crea la escena; a través de la belleza nos hace entrar en una especie de mirada hecha de conexiones paradojales entre pasado y futuro, en un tiempo desvanecido.
 
Figuras simbólicas, rimbombantes y llenas de historia, maravillosas y místicas, figuras elegantes, como si fueran tiernos exorcismos con los cuales crearse una mitología autobiográfica. Lentamente creció en él la exigencia de re-apropiarse del tejido urbano, del paisaje nebuloso y matutino, de los muros desolados, de las flores desoladas, de las sombras detrás de los corazones, que escondían una realidad intima y personal: su melancolía.
 
Francisco logró sembrar señales en su vida, porque su palabra visual tenía necesidad de constituirse, organizarse continuamente, así como incesante fue la necesidad de evitar los estancamientos, las paradas prolongadas, los atrasos: es casi un afán de precedernos y sorprendernos, que no solamente hizo perfumar su pensamiento, sino que también lo convirtió en profundo.
 
La Embajada de Chile en  Italia / Agregaduría Cultural quiere recordar este importante artista, homenajeándolo en la ciudad donde realizó parte importante de su obra, expuestas en el Palazzo Medici Riccardi y que constituyen importantes colecciones provenientes de las regiones Toscana y Emilia Romaña.

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