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Mario Fonseca y Mauricio Valenzuela, la otra cara de la vanguardia chilena se exhibe en importante galería de Londres

Viernes 4 de mayo de 2018

Una mirada que escudriña más allá de las lecturas oficiales del arte reciente propone la galería Austin/Desmond Fine Arts, del barrio Bloonsbury, en pleno centro de Londres. Bajo esa premisa, su dirección artística puso atención en dos creadores chilenos, cuya obra es fundamental en el relato de las vanguardias de nuestro país. “Fragmented Dialogues” (Diálogos Fragmentados) es la exposición de Mario Fonseca y Mauricio Valenzuela, que explora el arte y la identidad en el Chile de los años ’80, y que presentará entre el 11 de mayo y el 30 de junio este espacio cultural británico, en colaboración con CF-Lart London.

 

Imagen foto_00000008Desde sus respectivos lenguajes estéticos, ambos artistas dan cuenta del periodo de opresión que se vivió en Chile con la dictadura militar, teniendo como hilo conductor temas como la ausencia y la identidad prohibida. La obra de Mario Fonseca (1948) se inserta en el Conceptualismo, que entre los años ’70 y ’80 del pasado siglo tuvo un importante desarrollo en nuestro país. Él tomó distancia del quehacer creativo, ante una realidad que consideró asfixiante; un entorno que, para sobrevivir, exigía el ocultamiento de la propia naturaleza, incluidos los pensamientos, creencias o convicciones políticas. Por un largo periodo, Mario Fonseca trabajó en el diseño gráfico, la publicidad y la industria editorial, convirtiéndose en un gran promotor de otros influyentes artistas y poetas contemporáneos suyos, entre ellos Eugenio Dittborn, el grupo CADA, Paz Errázuriz o Alfredo Jaar.

 

Fue el propio Jaar, con quien trabajó estrechamente, quién lo impulsó a reanudar su propia experimentación artística. Así, entre 1979 y 1983, Fonseca produjo series fotográficas, obras en técnicas mixtas y películas, donde lo central era el uso del autoretrato. Se instaló a sí mismo en el centro de la imagen, aparecía a veces semioculto, con rayas negras en torno a sus ojos, con vidrios cubriendo su cara, etc. Lo que proponía Fonseca era una metáfora ante un sistema en donde exponer la propia identidad constituía un riesgo, junto a ello quería plantear la diferencia en una sociedad abrumadoramente homogénea. 

 

Su serie se tituló “Habeas Corpus”, que refiere a una normativa judicial que garantiza la libertad del individuo, previniendo detenciones arbitrarias. Su propuesta artística resultó entonces perturbadora, incluso para sus propios pares, quienes escogieron un camino creativo basado en herméticos códigos lingüísticos. Mario Fonseca, al igual que Alfredo Jaar, fue criticado por la vanguardia y el arte crítico chileno de su época. 

 

La fotografía de Mauricio Valenzuela (1951) se ubica en el documentalismo social, y es considerada entre las propuestas más originales de uno de los periodos más importantes de la fotografía chilena, entre 1980 y 1990. La neblina de Santiago aparece como un leitmotiv de sus tomas, manifestando a través de esta atmósfera la etapa gris y opresiva que atravesaba la sociedad chilena bajo el régimen militar. Cuidadosas composiciones con calles semivacías e individuos anónimos, a menudo con sus rostros recortados u oscurecidos, apresurándose a desapImagen foto_00000006arecer ante el obturador de la cámara, son parte del mensaje desesperado de Valenzuela, en contra de la represión, la censura y el miedo instalado en la sociedad.  

 

La exposición “Diálogos Fragmentados” intenta expandir en Reino Unido una mayor comprensión de la historia del arte chileno, destacando el trabajo más bien silencioso de estos dos artistas, que contribuyeron enormemente con el acervo simbólico en un periodo oscuro de nuestra historia social y política.

 

La apuesta de la galería Austin/Desmond Fine Arts se condice con el rescate que están haciendo muchas instituciones internacionales de aquellas expresiones artísticas chilenas menos difundidas dentro del arte crítico de los años ’70 y ’80. Es el caso de Mario Fonseca, cuyos trabajos de 1981 acaban de ser adquiridos por la colección de fotografía del Museo George Eastman de Rochester, Nueva York.

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