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Entrevista a Ignacio Agüero, documentalista:

“El eje de mi cine es el cine mismo, la búsqueda de sus posibilidades expresivas”

El destacado realizador chileno regresó al país tras participar en el Festival Biarritz América Latina 2021 y en una muestra en la Biblioteca del Centro Pompidou de París. Sobre su experiencia en Francia y sus proyectos futuros habla con la DIRAC.

22 de Noviembre de 2021

El documentalista y director de “Cien niños esperando un tren” y “Nunca subí el Provincia” tuvo una destacada participación en la 30º edición del Festival Biarritz América Latina. Tanto así, que la gran novedad de 2021 fue la retrospectiva de 13 películas de Ignacio Agüero, algo que –dice– le “enorgullece”.

Ignacio Agüero, uno de los más importantes documental chilenos, también estuvo en París presentando su película “La mamá de mi abuela le contó a mi abuela”, en la Biblioteca Pública de información, en conjunto con el programa “La Lucarne” del canal de televisión Arte.

De regreso a Santiago tras semanas de intenso trabajo, Agüero conversó con la Dirección de Asuntos Culturales (DIRAC) sobre su participación en el festival francés,  el montaje de su nueva cinta “Notas para una película”, su relación con la pandemia y un inesperado descubrimiento que tuvo en Biarritz.

“Muchos coinciden en que mis películas trabajan la memoria, como tema de todas, pero ¿qué película no trata con la memoria?”, argumenta el realizador chileno. 

El programador del Festival de Biarritz destacó como novedad la sección de retrospectiva dedicada a toda su obra. ¿Cómo se toma este protagonismo? 

Le confieso que no sabía que esta retrospectiva había sido la primera en la historia del festival. Me entero por su pregunta. Ahora que lo sé me enorgullece que hayan elegido mis películas para inaugurar la sección.

¿Qué recepción tuvo su obra?¿Surgieron nuevas lecturas de sus películas en este encuentro? 

Las referencias que tengo son una alta asistencia de espectadores y un buen porcentaje de ellos asistían a todas las sesiones, con la especial particularidad de que todas las películas fueron presentadas por Nicolás Azalbert, programador del Festival o Paola Raiman, del comité de selección, los dos críticos de cine ligados a “Cahiers du Cinema” y muy conocedores del conjunto de mi obra, de la cual tenían una visión completa y una apreciación que las valoraba, y tenían, además, una lectura de las relaciones entre las películas que a mí me sorprendió. Por lo que cada película tenía una muy buena presentación. Además, ellos moderaban las conversaciones con el público, que se transformaban en algo riquísimo. Se trata de un público que asiste todos los años y que, no siendo cinéfilos, sí se interesan mucho por el cine. En las conversaciones, por tanto, no eran los temas de lo que se conversaba, sino de la particular forma de las películas y las sensaciones que producen a partir de su forma de narrar, o más bien, de no narrar. Del modo en que las películas trabajan la imagen.

Y luego de la exhibición, ¿qué pasaba en Biarritz?

Me gustaba ver a la salida de los cines surfistas que cargaban su tabla por las veredas en dirección a la playa, donde se veía todo el día el espectáculo del surfismo. Viendo el espectáculo pensaba que surfear es muy parecido a hacer películas, la posibilidad del fracaso siempre es inminente. Los movimientos con los que se juega son siempre imprevisibles y hay que tener la astucia e intuición para saber por dónde va la posibilidad de salvar la ola y no ser aplastado por ella. 

Más de cuatro décadas de trayectoria desplegadas en Biarritz. De existir, ¿cuál es el eje de su cine y sus innovaciones? 

Aunque no sea nada obvio (por suerte no lo es ), el eje de mi cine es el cine mismo, la búsqueda de sus posibilidades expresivas, cuestión que ha estado desde las primeras películas y que se ha ido acentuando en las últimas. De ninguna manera son los temas, aunque muchos coinciden en que mis películas trabajan la memoria, como tema de todas, pero ¿qué película no trata con la memoria?  Si no son los temas, son los hechos, o situaciones particulares que se trabajan a partir de las imágenes que los/las constituyen, desplegándolas. De ahí en adelante el afán no es el de relatar sino el quedarse en ese despliegue de la imagen que resulta en una especie de movimiento circular, como una espiral sin pretensión de resolución. En una construcción formal, así empieza a sentirse que cada película trata sobre el cine, que se está probando a sí mismo, como fenómeno de penetración y de revelación.

“Surfear es muy parecido a hacer
una película. La posibilidad
del fracaso siempre es inminente”,
dice Agüero. En la foto la película
“Como me da la gana” (1985),
su tercer trabajo.

Se dice que la proliferación de plataformas streaming ha modificado la forma en que los espectadores gozan del cine ¿cuál es su posición frente a este punto y cree ellas reducen el valor de los festivales en el mundo?

La gente se pelea por asistir a los festivales y por obtener cupo en las salas porque ver películas en pantalla grande en salas oscuras y con buen sonido no tiene comparación con la mediocridad de los otros medios. Es ahí donde el cine puede existir siendo lo que es: un provocador de sensaciones, emociones y pensamientos, en una relación de intimidad entre el autor y el espectador en un espacio colectivo, donde cada espectador sabe que los demás espectadores están sufriendo cada uno su propia experiencia de creación.

¿Cuál es su relación con el Covid-19 en términos de creación y divulgación de su trabajo?, ¿cómo Ignacio Agüero se ha ido adaptando a estos nuevos tiempos?

Para mí la pandemia no ha existido. Me ha retrasado un poco las cosas pero lo que hemos hecho es más bien desconocerla, esperando las aperturas que nos ha permitido continuar con el rodaje de la última película. Por otra parte, la pandemia ha estimulado un sinfin de eventos, charlas virtuales y exhibiciones también virtuales que han multiplicado la difusión de las películas. 

Intenso retorno a la presencialidad, ¿cómo proyecta el resto del año?

El resto del año está destinado al montaje de mi nueva película “Notas para una película” y, a continuación del rodaje de otra que se llama “Cartas a mis padres muertos”. En el primer caso, es una película que filmé la primera parte en 2019 y la monté en el verano 2020. Lugo vino la pandemia y recién hace un mes y medio, justo antes de mi viaje a Biarritz, filmé la segunda parte que comienzo a montar ahora hasta marzo. Las dos partes son la misma película. Está basada en el diario Diez años en la Araucanía, de Gustave Verniory, un ingeniero belga que vino a Chile en 1890 contratado por el gobierno para trabajar en la construcción del ferrocarril en la Araucanía. La película es la relación entre este personaje y el paisaje, y todos los textos provienen de su diario. La otra película, “Cartas a mis padres muertos”, está en etapa de rodaje, aún incipiente.