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Claudio Rubio y su regreso a EE.UU. con el Chilean Jazz Series: “Este viaje es uno de los más importantes de mi carrera”

Tras inaugurar en Nueva York la cuarta edición del Chilean Jazz Series y antes de subir al histórico escenario de Blues Alley en Washington, el saxofonista chileno habla del reencuentro con un país clave en su formación, el momento que atraviesa su carrera y la historia íntima detrás de “Ella lleva el fuego”, el disco dedicado a su madre que le valió el Premio Pulsar 2026.

Martes 15 de septiembre de 2026

El saxofonista chileno, Claudio Rubio, caminó estos días por las calles de Nueva York con una extraña sensación de regreso. Entre reencuentros, música y una ciudad que alguna vez fue parte de su vida como estudiante, por momentos necesitó apartarse del grupo, quedarse solo y simplemente mirar alrededor. Habían pasado años desde entonces. Ahora volvía con su propio quinteto, un Premio Pulsar bajo el brazo y un disco profundamente personal.

 Su presentación en Nueva York dio inicio a la cuarta edición del Chilean Jazz Series, iniciativa impulsada por la Embajada de Chile en Estados Unidos, en el marco del Programa de Apoyo a Actividades Culturales en el Exterior (PACE) de DIRAC, que busca fortalecer la circulación y proyección de las artes nacionales y sus creadores en el mundo.

Antes de continuar el recorrido en el histórico Blues Alley de Washington D.C., y en un tono cercano, con anécdotas y risas de por medio, Claudio Rubio conversa con DIRAC sobre ese regreso, el lugar del jazz chileno fuera de nuestras fronteras y una música atravesada por la memoria y los afectos.

Ayer estabas tocando en Nueva York y hoy ya vas camino a otro escenario, Blues Alley en Washington. Si tuvieras que guardar una sola imagen o un momento de la noche en Nueva York, ¿cuál sería y por qué?

Creo que la experiencia de Nueva York en esta oportunidad vino en formato hiper concentrado y de altos niveles de intensidad, por la música que vi y que toqué, los amigos con los que me reencontré, los nuevos amigos que hice. De vez en cuando durante los últimos días tenía que separarme del grupo de personas con las que estaba para poder estar solo y asimilar todo lo ha sucedido: mirar un poco alrededor y estar tan asombrado como feliz de esta tremenda aventura. Esa imagen representa muy bien lo que me ha ocurrido durante estos días.

Conoces Estados Unidos desde otra etapa de tu vida, cuando llegaste a estudiar jazz. ¿Qué significa regresar años después como líder de tu propio quinteto, presentando tu música y siendo parte de una escena que viene desde Chile?

Es un reencuentro que esperé poder lograr por mucho tiempo. Mi época como estudiante en Estados Unidos es una etapa que atesoro con mucho cariño y ha sido absolutamente esencial para el desarrollo de mi carrera. El jueves pasado al reencotrarme con un amigo él me dice: ´”bienvenido de vuelta a casa" y efectivamente así se siente. Para mi significa el reencuentro, con la ciudad y su infinita energía creativa, con amigos y con lugares que habité.

Uno siempre tiene inseguridades respeto de cómo un determinado público podría reaccionar ante música que le es ajena, pero podría decir que, después de la muy buena acogida que tuvimos en nuestro primer concierto, me siento orgulloso y agradecido de la escena musical a la que pertenezco en Santiago y la posibilidad que me ha dado para desarrollar mi música constantemente.

Llegas a esta gira después de que "Ella lleva el fuego" recibiera el Premio Pulsar 2026 a Mejor Álbum de Jazz. ¿Cómo estás viviendo este momento de tu carrera? ¿Sientes que el Pulsar y ahora estos conciertos en EE.UU. marcan un punto de inflexión?

Creo que uno de los aspectos positivos de cualquier reconocimiento está en la visibilidad que te da y como a partir de ese suceso tu público se diversifica y tu proyecto adquiere una mayor relevancia. Gracias al Premio Pulsar es que, entre otras cosas, se pudo hacer este viaje que es de forma absoluta uno de los más importantes de mi carrera.

Ahora viene Blues Alley, un escenario cargado de historia y por el que han pasado grandes nombres del jazz. ¿Qué significa para ti tocar allí? Y, mirando tu propio recorrido, ¿qué crees que ha sido determinante para llegar hoy a escenarios de este nivel?

Tengo una anécdota al respecto. El otro día mientras caminaba en Nueva York me topé con el club Village Vanguard, saqué una foto y se la mandé a un amigo y el me comenta: ‘estás en tierra santa’ (ríe). Algo similar pasa con Blues Alley. Son lugares que han protagonizado el desarrollo de esta música por décadas y han sido habitados muchos de los ‘quien es quien’ en el jazz.

Cuando pienso en una carrera en la música, pienso en los procesos más que en momentos o giros determinantes. En mantenerme activo creativamente, en liderar proyectos, en participar de otros colaborativamente, en ser un aporte a las personas que estudian conmigo. Ponemos eso en una juguera y le agregamos una buena cantidad de años y tenemos los ingredientes necesarios para ir de a poco logrando hitos que, si bien en un principio parecían imposibles, hoy puedan ocurrir como parte de ese mismo proceso.

El sonido chileno

Cuando miras a músicos como Melissa Aldana, Claudia Acuña y otros artistas chilenos que han desarrollado carreras internacionales, ¿sientes que existe una identidad reconocible en el jazz hecho desde Chile? ¿Qué llevamos nosotros a una tradición musical con raíces tan profundas en Estados Unidos?

Creo que efectivamente existe un sonido de ‘lo chileno’ pero que es tan inefable como muchos otros aspectos de la idiosincrasia nacional. Algo que está relacionado con nuestra geografía, nuestra memoria histórica, nuestros lazos de sangre se traduce en expresiones que son una representación profunda de esos elementos. 

Cuando termine este recorrido y puedas mirar en conjunto Nueva York, Washington, el Pulsar y Ella lleva el fuego, ¿qué crees que le dirías a aquel Claudio que alguna vez llegó a Estados Unidos solamente con las ganas de estudiar jazz?

(Ríe). Es una buena pregunta. Le diría solo que se afirme el cinturón de seguridad ya que lo que se vendrá es maravilloso y difícil, repleto de obstáculos, pero siempre me he sentido muy afortunado, siempre con un triunfo épico al final. 

Y hay algo que no puedo dejar de preguntarte: ¿qué parte de ti está en Ella lleva el fuego? ¿Quién es “ella” y qué representa ese fuego?

El disco “Ella Lleva El Fuego” es mi disco más personal. Está dedicado a mi madre, fallecida el 2022. Cada composición representa un momento o una emoción que quiero retener de ella. La idea del fuego se me vino pensando en cómo en la antigüedad el fuego se transportaba y se mantenía encendido. Tras esa imagen está la idea del hogar y cómo la madre representa ese calor.