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Destacados autores chilenos eligen el libro que les cambió su vida

En el marco de las celebraciones del “Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor”, la DIRAC se contactó con tres escritores y escritoras nacionales para conocer qué obras marcaron sus vidas y por qué. Aquí les contamos…

04 de Mayo de 2022

Desde 1996, cada 23 de abril se celebra el “Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor”, instaurado por la UNESCO en conmemoración de la muerte de tres grandes escritores de la literatura universal: Miguel de Cervantes y Saavedra, William Shakespeare y Garcilaso de la Vega. 

El objetivo de este organismo internacional es rendir un homenaje en todo el planeta a las obras literarias y a sus autores, y alentar sobre todo a los más jóvenes a descubrir el placer a través de la lectura. De igual manera, se destaca la contribución de escritores y escritoras al progreso social y cultural de nuestras sociedades.

Es así que la División de las Culturas, las Artes, el Patrimonio y Diplomacia Pública del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile se suma a esta iniciativa conversando con tres personalidades de la literatura nacional, las que han sido apoyadas en algún momento de su carrera literaria por la DIRAC. Todos se refirieron a aquellas publicaciones que han marcado sus historias de vida y contaron por qué.

Rosabetty, la poeta de Chiloé

Para la poeta y profesora chilena oriunda de Ancud y ganadora del Premio Municipal de Literatura en Poesía 2021,  Rosa Betty Muñoz Serón, la pregunta por su libro favorito es difícil de responder. Dice: “A lo largo de mi vida han sido muchos los que han marcado la mirada sobre el mundo, que han ido completando el armazón de mis palabras. Si se trata de aquellos a los que uno siempre vuelve, diré que la Biblia, Ternura de Gabriela Mistral y Poemas Humanos de César Vallejo”. 

Sin embargo, a lo largo de los años descubre que los “remezones interiores siguen ocurriendo con libros que abren ventanas, puertas, disuelven diques”. Y menciona La Buena Tierra de Pearl S. Buck, “leída y sufrida cuando tenía doce años, me recuerdo llorando contra la almohada a lágrima viva por el dolor y la injusticia de un mundo aparentemente tan lejano, pero tan cerca del mío”, dice.

Más tarde, la autora de Sombras en El Rosselot y Baile de señoritas, se encuentra con Claus y Lucas de Agota Kristof, especialmente El Gran Cuaderno. Rosabetty enfatiza que “no fue tanto la historia contada (que también, claro) sino el uso del lenguaje lo que me sobresaltó, la desnudez de las palabras y su capacidad para exponer la crueldad, las heridas, el abandono, el odio sin nombrar ni calificar”.

Finalmente, en este año de la “peste” -como señala- descubrió el libro de Olga Torkaczuk, Un lugar llamado antaño. “Sorprende desde el inicio, delimitando un territorio aparentemente pequeño donde ocurren historias enormes por su profunda humanidad. El lenguaje lírico, otra vez, me fascinó y su vocación por la mirada local/universal que tiene tanto sentido para mí”, dice la poeta.


Carlos Reyes: “Cada número de Mortis sigue siendo un hito que aún hoy nos pone los pelos de punta”.

 “Me han preguntado cuál fue el primer libro que me impactó de niño y puedo responderles sin duda alguna con esta historia: En la tierra fértil e impresionable de mi edad infantil, ya es de noche. Estoy acurrucado en mi cama de la modesta casa de madera que habito con mi familia. Las luces están apagadas y antes de dormir, se inicia uno de los ritos más sagrados para mí y mis hermanos. Llega la hora de la cita nocturna con las aterradoras historias del radioteatro del Siniestro Dr. Mortis, creado por Juan Marino Cabello. Me revuelvo inquieto entre las sábanas y me preparo para el horror”, relata uno de los autores de Los años de Allende y  Selk’ Nam, Carlos Reyes.

Así que “si hay algo a lo que poder culpar de mi tremendo afecto por los libros y las historietas”, sostiene el guionista, investigador y comunicador audiovisual, “se debe bucear en este periodo de mi vida y en una de mis primeras lecturas: la historieta de El Siniestro Dr. Mortis, publicadas por Zig-Zag”. “Eran relatos, a veces, ingenuos, pero muy osados y aterradores en otras ocasiones. En sus páginas aprendí mis primeras palabras difíciles, como: nictálope, gragea, hedor”, puntualiza.

Reflexionando sobre el por qué de la seducción de Mortis, el autor cuenta que “inevitablemente vuelvo a esas antiguas noches de lectura, de radioteatro, de escritura de mis primeras historias robadas al estilo de Marino, al sabor de unas páginas cuyos dibujos me abrían puertas a nuevos mundos y me permitían el placer de asistir a hechos terribles, desde la cómoda posición del público lector. Tal vez sea porque cada capítulo y página de Mortis sigue hablándonos desde el pasado, diciéndonos que es posible hacer de este arte una forma de vida, gritándonos que existió una escuela de la que debemos sentirnos orgullosos. O quizás, porque cada número de Mortis sigue siendo un hito que aún hoy nos pone los pelos de punta, seduciendo al lector contemporáneo con sus horrores tributarios del cine y el cuento de terror. Y es que el talento de los creadores de Mortis no ha sido una moda pasajera, sino perdurable en el tiempo y en las mentes de quienes la vivieron. Tal vez su éxito radique únicamente en el placer que su lectura me regaló al calor de la estufa en esos largos días de la infancia. Quizás sea todo eso, junto y revuelto”, dice Reyes.


Claus y Lucas: “El mejor tratado filosófico del siglo XX”.

“Un libro que me cambió mi vida fue Claus y Lucas o El Gran Cuaderno de Agota Kristof”, relata la narradora, ensayista y docente, Andrea Jeftanovic.

Esta novela –dice la autora– que habla de dos gemelos en plena Segunda Guerra Mundial que sobreviven a un entorno hostil de golpes, insultos, robos y asesinatos, “me parece el mejor tratado filosófico del siglo XX sobre el horror y la violencia y la pulsión de muerte del ser humano. Apunta a lo irracional del progreso cuando este usa para la destrucción. Además, denuncia el egoísmo de los grupos ilustrados, de los adultos”. 

La autora de Escenario de guerra, Geografía de la lengua y el volumen de relatos No aceptes caramelos de extraños, añade que le interesó como esos gemelos simbióticos se "entrenaban" a ser cuerpos instrumentales, al tiempo que se deshumanizaban y no sentían nada. “Es interesante su voz mecánica, su perspectiva objetiva y fría que traslada la conmoción al lector. Su escritura en escenas dramatúrgicas o como guión, como pequeñas viñetas gozan de una plasticidad en cada tenebrosa anécdota que relatan. Un texto que hay que leer en entrelíneas como todos los de esta autora, donde lo simple es un truco para ir al desarraigo más profundo”, enfatiza.