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Macarena Baeza, directora de la compañía teatral “La Calderona” sobre la gira por España: “Nos atrevimos a intervenir radicalmente el texto calderoniano”

La Embajada de Chile en España realizó esta entrevista con motivo de la presentación de la obra musical “La Vida es Sueño” en el Festival Internacional de Teatro de Almagro y el Festival Iberoamericano de Siglo del Oro Comunidad de Madrid. Apoyó la División de las Culturas, las Artes, el Patrimonio y Diplomacia Pública (DIRAC). 

Viernes 12 de agosto de 2022

Macarena Baeza es la gran figura en Chile especializada en la investigación escénica del teatro Barroco, distinción que emplea con creatividad, profesionalismo y precisión, y que lleva a cabo victoriosamente en su último proyecto escénico: “La Vida es Sueño, versión musical del mítico autor español Calderón de la Barca.

Su éxito e interpretación musical que desplegó en Chile, en conjunto con Nano Stern, cantautor, poeta y compositor, la llevó a representar la obra en España, en julio de este año, dentro del marco del Festival Internacional de Teatro de Almagro y el Festival Iberoamericano de Siglo de Oro de la Comunidad de Madrid en Alcalá de Henares.

Hoy en día, además de orientar su trabajo hacia un aporte significativo al sector cultural chileno, a sus tradiciones e historia, reparte su tiempo a la docencia como profesora de Actuación e Historia del Teatro Antiguo.

Como Embajada, quisimos aprovechar la oportunidad de conocer más de cerca su reciente experiencia profesional dentro del territorio ibérico, sus apreciaciones, su visión sobre una audiencia chilena y española y las motivaciones e influencias que la llevaron a la creación de “La Calderona”. A continuación, las preguntas elaboradas por Agustina Grant a nuestra invitada.

¿Cómo nace la compañía?
La compañía nace el 2003 originalmente de la mano de Verónica Barraza, Alexander Tupper, Daniel Gallo, Mario Costa, Sara Pantoja, Gina Allende y yo. Hoy en día, quedamos constituyéndola los últimos cuatro.

Somos un centro que se ha mantenido unido durante todos estos años, pero que va mutando en cuanto a su colaboración. Constantemente estamos invitando a gente joven, gente nueva que quisiera participar en la interpretación misma de las obras, como también, quienes quieren formar parte de los equipos de diseño, investigación, entre otros.

En cuanto a su significado y denominación, el nombre de la compañía “La Calderona” hace alusión a una muy importante actriz del siglo XVII, amante del Rey Felipe IV, con quien tuvo un hijo: Juan José de Austria (hijo natural).

Por lo mismo, como compañía jugamos con darle ese guiño feminista, y, comunicar a través de ella, el papel de las mujeres en la historia del teatro. Nuestro foco está en las mujeres, quienes históricamente se han mantenido en la sombra, y, donde el teatro ha ocupado otro espacio más de marginación.

Este nombre, “La Calderona” sentó las bases de la compañía hace 19 años, preservando siempre ciertas cosas, como, por ejemplo, la idea de mantenernos insertos dentro de la Facultad de Arte de la Universidad Católica, y de esa manera, ser parte del proceso académico de los alumnos, contribuyendo desde ahí la formación de artistas. Además, se busca mantener un interés por la historia de las mujeres, ya sea desde la autoría de su obra, hasta la presencia del papel de la mujer dentro de la historia latinoamericana, conjugando siempre distintas disciplinas artísticas.

¿Cuánto demoró y cómo fue el proceso de desarrollo de la obra?
Este es un proyecto que se comenzó a conversar en octubre de 2019 y que se terminó de dar forma en julio de 2022 cuando llegamos a España. Dentro de ese proceso, el año más fuerte de trabajo fue el 2020, en plena pandemia y encierro. El método de trabajo en ese momento eran los medios digitales, zoom, video llamadas.

De hecho, lanzamos la obra en una plataforma digital, luego a través de YouTube, lo que provocó algo novedoso y entretenido, porque el público iba interactuando con nosotros, al mismo tiempo que la obra se iba desarrollando. Pero claro, nunca va a ser lo mismo vivir la obra dentro del teatro mismo, que hacerlo a través de una pantalla. Sobre todo, con un espectáculo como éste.

El estallido social es el que marca el inicio de nuestro trabajo, ya que la Universidad se cerró. Por ello, la obra “La Vida es Sueño” no fue producida necesariamente derivada de la pandemia, lo que hizo la pandemia fue enfatizar esa sensación de falta de libertad. Durante el estallido social discutíamos sobre el sentido de libertad y justicia, su significado y la posible pérdida de éstas.

¿Cómo fue la acogida de la obra “La Vida es Sueño” en España? ¿Es este un público más exigente?
El público español conoce muy bien esta obra. Se ha montado ahí muchas veces en distintos espacios, festivales y teatros. Básicamente, la gente en España ha crecido con el texto.

Además, tienen un sentido de respeto y de tradición muy arraigado. Desde ahí, hubo quienes se interesaron mucho por la obra y su interpretación. Imagino que, para otros, nuestra interpretación fue muy osada, en el sentido de que nos atrevimos a intervenir radicalmente el texto calderoniano en muchos momentos. Igualmente, me encanta que pase eso. Creo que lo peor que puede pasar es que una pieza artística no genere debate.

Entendiendo el texto de Calderón de la Barca como uno muy tradicional, la versión de “La Calderona de la Vida es Sueño” es una mucho más atrevida y sugerente. Cuéntanos un poco de ese desafío que tomaste.
Buscamos que la obra nos pertenecería y se conectara, tanto con el momento histórico que estábamos viviendo, como con Chile y el público al que la estábamos dirigiendo. Que se produjera un diálogo directo entre el narrador, interpretado por Nano Stern, por ejemplo, y los espectadores y espectadoras. Generamos momentos donde casi se les pedía a ellos y ellas responder. Esto, además, nos permitió encontrar cierto humor en una obra que lo tiene poco. En las funciones, el público está muy cerca de la acción. Casi rozando a Segismundo en el final de la propuesta. Y eso apoya la idea de un diálogo horizontal, cara a cara con el protagonista de la historia.

Por otro lado, nuestra forma de decir el verso no es muy canónica. Yo privilegio siempre más el sentido, que la forma. Me importa que se entiendan las ideas, aunque eso me signifique “faltarle el respeto” a la métrica castellana más clásica. Me gusta la idea de que el teatro no sea para nada excluyente, sino al revés.

Por lo mismo, me interesa mucho la comunicación que se produce en el teatro. Por ejemplo, decidimos con Nano incluir décimas chilenas para ir narrando.

Así se genera un bello contrapunto entre esa habla antigua, que suena más a España, con esta habla popular chilena, donde aparece nuestro acento y se permiten otras palabras. Como juego. Como spoiler, por ejemplo, anglicismo que el Nano se permite en la introducción y que quiebra el hielo con el público.

Y en Chile, ¿de qué manera conectó la gente y su público?
Mi intención era que la gente se interesara con esta historia. Probablemente para el español, “La vida es sueño” es una obra que está en su ADN. En cambio, en Chile, esta historia no es necesariamente conocida.

Quería que el público chileno se interesara, conectara. Para ello utilizamos un montón de estrategias. Por ejemplo, la música y la visualidad son estrategias que elegimos para enganchar con un público más joven. Es más común que un texto de Calderón de la Barca sea apreciado por una audiencia más adulta, pero hay un público que nos interesa mucho como compañía, y es uno que está aún en proceso de formación.

Y el desafío es muy bonito. Me pasa y lo veo con mis estudiantes que están cada vez más interesados por la décima, el verso, por la cueca; todas estas formas rimadas que son antiquísimas, pero que se mantienen vivas. Se vuelven tradiciones aún vigentes entre gente muy joven. Y ese juego es precisamente el interesante. El complemento que armamos entre un texto escrito hace 400 años; que puede parecer arcaico, tradicional, antiguo, pero que paradojalmente se adapta para referir el dolor del encierro que vivimos durante una pandemia mundial durante el año 2020 y 2021.

Almagro es una ciudad que durante un mes se adapta para el teatro. ¿En Chile, no se generan esos espacios de manera tan frecuente?
En España es muy propio el fenómeno de los festivales de verano. En Almagro, por ejemplo, se articula un festival en torno al barroco. Y esto ocurre porque en ese lugar hay un corral de comedias descubierto en la década de los cincuentas, un espacio construido en el siglo XVII y que, a partir de su restauración, da inicio a una puesta en valor no solo de ese sitio específico, sino al patrimonio del teatro que se escribió en el siglo XVII para esos lugares. Luego ya, a fines de los setentas, se inician las jornadas de investigadores en torno a este patrimonio y el Festival de teatro clásico de Almagro, que cumplió en 2022 su 43 Edición.

El festival se llama a sí mismo “la reserva natural del Siglo de Oro”, aludiendo ser un centro de pensamiento en torno al teatro barroco, y también un espacio de divulgación y actualización de los clásicos.

Y en base a ello, ¿cuáles crees que es uno de los grandes aportes que hace el Festival de Almagro a la comunidad?
Lo que se genera con el público es algo muy interesante. Hay propuestas diversas: más tradicionales, para públicos más jóvenes (Barroco Off) y para público familiar (Barroco Infantil). También en la apertura a propuestas latinoamericanas sobre un repertorio eminentemente español se extiende la posibilidad de leer desde América un patrimonio que es teatral, pero también lingüístico. Justamente en ese interés por otras miradas, es que nuestra propuesta de “La vida es Sueño” adquiere valor.

¿Tiene pensado venir a España el próximo año?
Con una obra propiamente tal no creo, ya que en este minuto estamos partiendo un trabajo de creación e investigación sobre la obra “Poema de Chile” de Gabriela Mistral. Estamos trabajando en un montaje familiar y nuestra prioridad es estrenar y presentar este espectáculo en Chile. Pero encantados más adelante. ¡Invítenos!

Producir una gira al extranjero siempre ha sido complejo. Con la pandemia esa complejidad es aún mayor. Tenemos que recuperar las energías para animarnos a cruzar el charco otra vez. Fuimos 13 personas las que viajamos desde Chile en esta ocasión. Los actores, actrices y músicos, Nano Stern, Manuel Castro, Gina Allende, Germán Pinilla, Cristián Carvacho, Carolina Munitiz, Florencia Bardavid, Xabier Usabiaga y Paula Lizama. El diseñador Mario Costa, el operador técnico y tramoya Álvaro Rojas, la productora María Belén Contreras y yo, en mi calidad de directora. A los que se sumaron dos maravillosos compañeros de Puerto Rico a cargo de la iluminación del espectáculo: Israel Franco Muller y Natalia Ruiz.

Fue una experiencia inolvidable. Después de dos años de pandemia y toda lo desastroso que ha sido para las artes escénicas, hacer teatro, girar y conocer nuevos públicos, fue un regalo. Estamos sumamente agradecidos por el apoyo que tuvimos de diversas instituciones para concretar un sueño que tuvimos en septiembre de 2019 cuando nos imaginamos hacer “La vida es Sueño” en España.