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Aline Kuppenheim: “Que una película se estrene en Cannes es un gran logro, un honor y un puntapié inicial para cualquier proyecto”

La actriz es la protagonista de la cinta “1976”, producida y dirigida por Manuela Martelli, y que tiene su debut mundial en la sección Quincena de Realizadores de la versión 75ª del Festival de Cannes.

25 de Mayo de 2022

La ópera prima de Manuela Martelli “1976” tiene su estreno mundial mañana jueves 26 en la prestigiosa sección Quincena de Realizadores del Festival de Cannes 2022. La cinta está protagonizada por la actriz chilena Aline Kuppenheim, quien ya se encuentra en Francia para participar del evento, apoyada por la División de las Culturas, las Artes, el Patrimonio y Diplomacia Pública (DIRAC) del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile.

El drama aborda la historia de Carmen (Aline Kuppenheim) quien se dirige a su casa de playa para supervisar su remodelación. Su esposo, hijos y nietos van y vienen durante las vacaciones de invierno. Cuando el cura de la familia le pide que cuide de un joven que él alberga en secreto, Carmen se adentra en territorios inexplorados, lejos de la vida tranquila a la que estaba acostumbrada.

“1976” obtuvo tres premios en el Work in Progress del Festival de Cine Latinoamericano de Toulouse y, ahora, se presenta en Cannes con grandes expectativas. Se sienten el optimismo y la inquietud. “Que una película se estrene en Cannes es un gran logro, un honor y un puntapié inicial para cualquier proyecto. Es partir con el pie derecho”, sostiene la actriz a la DIRAC, admitiendo estar, al mismo tiempo, “un poco nerviosa”. “Lo recibimos con mucha emoción y con mucha responsabilidad”, agrega.

Con Manuela Martelli había compartido espacios como actriz, por ejemplo, en “Machuca”. Ambas vienen del mundo de la actuación, ¿cómo vivieron el proceso de producción de “1976”?

Muy naturalmente. Con Manuela nos conocimos filmando Machuca. Ella tenía 21. Estaba recién empezando y con toda esa fuerza. Bueno, se ganó todos los premios ese año. Y lo hizo muy bien, y ya desde ahí, se veía un talento, una sensibilidad y una fuerza muy particular de Manuela. Y después nos tocó viajar juntas a presentar la película a distintas partes. Nos fuimos conociendo más. Después fuimos madre e hija en “La buena vida”, de Andrés Wood y, nuevamente, nos tocó vivir todo aquello que ocurre después de las películas: los estrenos, los viajes, los festivales. 

Las primeras conversaciones con Manuela sobre “1976” fueron hace unos seis años, por ahí, entonces son procesos que van nutriéndose con el tiempo y la propia relación. Uno va entendiendo y conociendo la cabeza de donde viene ese guión y esa concepción de película. Y en particular, porque es una forma distinta de trabajar que cuando te llama un director y te encarga un rol. Esto está más desde la génesis e intervienen cosas más intuitivas, más afectivas y un compromiso mío más personal, también, con su proyecto. Y creo que Manuela tiene un carácter que genera esos vínculos.

Y debe haber influido que ambas vinieran desde la actuación…  

La verdad es que cambia mucho. Todo adquiere una profundidad diferente y todo lo que hemos hablado, el vínculo afectivo entre el proceso creativo, el cómo uno aborda el trabajo, tiene que ver con eso también; y ella lo entiende como directora. Que una actriz te dirija, es una persona que sabe exactamente en qué proceso estás tú, qué te está pasando a ti, que es lo que tu necesitas para encontrar ese espacio donde poder llegar a ciertos estados que son frágiles, que están planteados desde ahí en el guión, con una fragilidad, con todas sus fisuras. 

Y garantizando ciertos resultados, porque me imagino que Manuela sacó lo mejor de ti. 

Absolutamente. Para mi como actriz esta experiencia es un salto cuantitativo, porque me queda cada vez más claro que esas materias por donde circula Manuela tienen que ver con los afectos o con lo emocional. Son mucho más concretos que imaginarios o que partan de una mística. Cuando hay una relación con el equipo, que es desde el afecto, éstos son más eficientes. 

“Hay una alerta ahí”

La cinta explicita un tema que ya ha sido explorado por la fábrica cinematográfica nacional ¿Es diferente el abordaje en “1976”? ¿Por qué decide participar en el filme?

Por todo lo que te decía. Por mi relación con Manuela, porque conozco el proyecto desde muy temprano, porque ahí hay cosas que van mucho más allá de nosotras, como actriz, directora o como todo el equipo, sino que tiene que ver con nuestras memorias individuales (…) Entonces, no es una película que hable del golpe de Estado o de la dictadura, sino de cómo esta dictadura, ese golpe de Estado se coló en las vidas de las personas, en las tragedias o en la burbuja o en un intento de sobrevivir (…) Y creo que eso es importante, porque es una historia que no ha terminado de morir y que no lo va a hacer hasta que no la podamos procesar, entender y subsanar realmente, y falta mucho para eso.

En lo personal, ¿qué sensación le provocó filmar “1976”?

Todas las sensaciones que se ven en la película que habla de todos nosotros. Desde los distintos personajes, desde la propia Carmen, que es mi personaje. Cada personaje representa un sector, o una mirada, o una clase, o una burbuja en sí. Carmen, la mujer el velero, el cura, el propio Elías, el marido de ella. Todos son como distintos Chile, distintas formas de vivir ese momento histórico colectivo.

“Finalmente representamos a nuestro país afuera, pero con nuestras propias uñitas. Sin desconocer que los apoyos estatales existen y que sí, son gravitantes en el desarrollo de las artes

Imagino que cada realización va dejando huellas en uno. 

Cuando nos juntábamos con la Manuela a conversar sobre esta película, era historia pasada, con todos los lastres que tiene, de impunidad, de falta de oportunidades en la justicia, de todo lo que sabemos que está abierto y, de pronto, llegamos a 2019 y luego es una herida que vuelve a abrirse, donde hay toda una generación que vuelve a vivir en carne propia algo que era casi una teoría o estaba en un pasado muy lejano o era desconocido, y eso vuelve a reeditarse, vuelve a ser carne, vuelve a ser vivencia en muchos personas (…) Entonces, aparece otra película y otra razón para hacerla. Como esto de “1976”, que puede ser 2002 o llegar a ser 2024. No sé. Creo que el contexto actual, la contingencia, le dan un nuevo sentido. Hay un punto de comparación. Hay un ‘sentimos que esto se está repitiendo’, por ejemplo, o que ‘esto podría volver a pasar’. Se puede hacer una reflexión acerca de cuáles son las diferencias. Hay una alerta ahí.

¿Qué esperas de “1976” en Cannes?

Lo mejor. La película va de lo particular a lo más global. De una familia, en un lugar específico de Chile, de una época, de un hecho histórico. Y espero que eso pase, también, con el público no chileno. Es decir, a partir de una película muy específica chilena se pueda extrapolar a otras realidades más globales, de sus propios países, porque finalmente, así como está el mundo, compartimos muchas problemáticas. Pero creo que “1976” es una película bastante universal, a pesar de ser muy centrada y acotada en nuestra realidad. Y espero que el público pueda reflexionar o entender quiénes somos los chilenos, nuestra historia a partir de esta película. Y representar a Chile, porque hay que decirlo, el cine chileno ha trascendido fronteras y eso es algo que hay que valorar, relevar y agradecer a los creadores. Hay un desarrollo del cine chileno que ha ido tomando una identidad. Creo que ya podemos decir que superamos la transición, que ya tenemos una forma de hacer cine que es muy nuestra y que está siendo vista y valorada fuera.